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Caritas Institucional

El nacimiento de Cáritas y Pastoral Social

Mediante Resolución Suprema 79050/58, firmada por  el presidente Hernán Siles Suazo, el 4 de diciembre de 1958, el Estado otorgó reconocimiento oficial a Cáritas, insititución creada por la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB). El texto de su personería jurídica y la aprobación de sus estatutos referían,  entre sus principales finalidades, la beneficencia y la asistencia social. Los obispos consideraron la necesidad de crear un organismo para animar y coordinar a la Iglesia Local en el campo social y representar ese trabajo ante instancias gubernamentales y ante la comunidad internacional.

La Iglesia tenía vasta experiencia en la atención a los más pobres entre los pobres, pero su reconocimiento estatal significó un paso trascendente en la proyección de la presencia católica en Bolivia, en el ámbito social.

Ocho años después, el 16 de febrero de 1964, respondiendo a las iniciativas de varias conferencias episcopales de Latinoamérica, se conformó el Secretariado de Acción Social (SEAS), con una tarea de orientación para responder a a la situación de pobreza y marginalidad en la que vivían sectores mayoritarios de la población. Su área de trabajo fue la formación, la investigación y la difusión de la Doctrina Social de la Iglesia para promover una sociedad más justa fraterna y solidaria.

Estas instituciones nacieron inspiradas en los propósitos de formar al ser humano para que se convierta en dinamizador del desarrollo integral. Otra meta fue asistir a grupos humanos necesitados, brindando servicios y ayuda material.

En ese tiempo, se aplicaban transformaciones políticas y sociales en el país, por los efectos de la Revolución de 1952; pero el mundo también estaba sacudido por la agudización de la Guerra Fría entre capitalismo y socialismo. El surgimiento de Cáritas tuvo como fuente materna la acción de Cáritas Internacionalis y el empeño común de las Cáritas Latinoamericanas y del Caribe, que convirtieron en acción las líneas pastorales de la Iglesia Católica en el mundo, para dar esperanza en tiempos de cirsis.

La Pastoral Social surge posteriormente al Concilio Vaticano II, animada por el Consejo Episcopal Latinoamericanao (CELAM), desde su Departamento de Pastoral Social (DEPAS), como expresión latinoamericana de la acción social.

 

Cáritas Internationalis

Hacia la mitad del Siglo XIX, los procesos de industrialización en el mundo habían generado una grave contradicción. Si bien se iniciaba una era de desarrrollo tecnológico, también se multiplicaba la pobreza en amplios sectores sociales sometidos a la explotación. La encíclica Rerum Novarum, del Papa León XIII, advertía esta preocupación de la que surgieron iniciativas en Europa para crear programas de ayuda caritativa. 

La Cáritas más antigua es la de Alemania (1897). Algunos años después, tras el estallido de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), se empezaron a conformar más redes de asistencia.

La Segunda Guerra Mundial marcó otro momento histórico que puso a prueba esta vocación de servicio para atender a las víctimas de la guerrra y también a quienes habían estado en campos de concentración. La solidaridad y la caridad ante estos desastres humanitarios requerían de una ayuda inmediata y efectiva, a veces, construida desde las ruinas de países involucrados en las tragedias. 

El nombre oficial de Cáritas Internationalis fue adoptado definitivamente en 1957, teniendo como miembros a todas las organizaciones católicas nacionales creadas por las conferencias episcopales, para desarrollar el servicio y compromiso comunitario de la Iglesia.

Finalmente, fue el contexto mundial y el creciente aporte de la Doctrina Social de la Iglesia que transformaron a esta red internacional en una instancia de diálogo permanente entre las distintas realidades del Norte y Sur, compartiendo el análisis, los aprendizajes y la solidaridad, acompañando procesos que contribuyan a construir una promoción humana integral, que dignifique a la persona y a los pueblos.

La Cáritas Internationalis se ha transformado en un espacio de aprendizaje y servicio mutuo y de análisis recíproco. Si bien se establece la relación Norte- Sur, con Cáritas Internacionalis, también se establece el relacionamiento Sur-Sur, a través del Secretariado Lastinoamericano y el Caribe de Cáritas (SELACC).

En la actualidad, Cáritas Internationalis es la segunda red  más grande del mundo, después de la Organización de las Naciones Unidas, con 172 instituciones católicas con presencia en 201 países.

En América Latina, las Cáritas surgieron entre 1955 y 1972, inspiradas en la enseñanza social de Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II, y en afinidad con las orientaciones de los obispos latinoamericanos reunidos en las conferencias de Medellín (1968) y Puebla (1979).

 

Hitos clave

1958 - 1964: Distribución del alimento que no era nuestro

Durante las primeras décadas de  vida institucional, la acción de caridad estaba asociada a la conformación de una agencia distribuidora de alimentos.

Cáritas Boliviana había firmado convenios con Catholic Relief Services (CRS), entidad del episcopado norteamericano que canalizaba la ayuda oficial del gobierno de Estados Unidos para la entrega gratuita de alimentos (principalmente harina) ropa y medicinas del Programa PL-480, a la gente en situación de pobreza.

La Reforma Agraria de 1953, que liberó del pongueaje a los campesinos, provocó como efecto secundario, una crisis alimentaria por la caída de la producción. Cáritas boliviana se sentía dependiente en su relacionamiento con CRS. La duplicidad en la distribución de alimentos y otros productos de donación estadounidense derivó en situaciones de conflicto, lo que llevó a considerar en 1962, la permanencia o retiro de la institución en esta tarea.

Desde sus inicios y en el transcurso de la historia institucional, surgieron cuestionamientos sobre la dependencia que generaba la repartición de alimentos. El programa no contribuía a promover la producción nacional, siendo más grave aún, que amplios sectores populares se habían acostumbrado a recibir la ayuda asistencial, sin aportar con el esfuerzo del trabajo propio.

"Lo positivo de todo esto fue que se atendió a sectores muy vulnerables de la población como niños, mujeres y ancianos. También permitió empezar a tocar a fondo el tema de equidad entre hombres y mujeres, al organizar a los centros de madres que terminaron convitiéndose en centros de promoción de la mujer", destaca Raúl Frías, Director de Pastoral Social Cáritas La Paz.

"Hemos sido instrumento de hacer mucho bien en las comunidades y jurisdicciones, pero hemos ganado la fama de ser institución muy paternalista, que exigía muy poco de contraparte del pueblo" recuerda Monseñor Luis Cassey, ex presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social Cáritas.

En los archivos se destacan documentos que para entonces sugerían incursionar en una ayuda más integral como la construcción de viviendas y comedores populares, con fuentes de cooperación alternativas.

"De esta forma se fundó Cáritas en Bolivia. Nosotros hemos querido desde su fundación, trabajar y animar en cada Diócesis para que tengan una Cáritas en cada parroquia." sostiene Mons. Casey.

 

1964 - 1982: Del asistencialismo a la promoción de organizaciones de base

En un segundo y largo periodo, Cáritas y Pastoral Social, como instituciones paralelas, impulsaron la formación para la promoción humana. Fueron años de inestabilidad política seguida de un largo periodo de dictaduras con graves violaciones a los derechos humanos. Cáritas áun sorteaba sus dificultades en la relación con CRS. A esos problemas se sumaban las dificultades con el Ministerio de Hacienda y Aduana por los trámites de importación de las donaciones.

Para 1969, CRS transfiere a Cáritas varias responsabilidades, incluso el personal que estaba bajo su dependencia. Los trabajadores de ambas instituciones percibían sueldos pagados por el Gobierno. Es el tiempo que empiezan a organizarse los comités diocesanos. En el área de la Pastoral Social, por entonces conocida como Acción Social, surge la preocupación de los obispo por expresiones políticas de un grupo de laicos respecto a la realidad, en el periodo del gobierno popular del general Juan José Torres.

Ese momento fugaz es irrumpido por la dictadura del entonces coronel Hugo Bánzer. Las violaciones a las garantías constitucionales incluyen obras de la Iglesia y persecuciones a religiosos y religiosas. En 1972, el presidente de facto, solicita una reunión con los obispos para justificar los excesos de los aparatos de seguridad, con el argumento de que estaban activos movimientos guerrilleros que habían actuado en Ñancahuazú y Teoponte.

La Iglesia hizo reclamos vehementes para que se respete la vida y los derechos elementales de las personas, anticipándose a las masacres campesinas de Tolata y Epizana.

Los obispos también demandaron a los régimenes dictatoriales que dejen a la Iglesia cumplir su misión pastoral. Los momentos más difíciles estuvieron relacionados a la parte humana, cuando en la dictadura de Bánzer y García Meza detuvieron a algunos miembros de las instituciones eclesiales "Tuvimos que ir detrás de los detenidos para velar por su seguridad, siendo amenazados constantemente, arriesgando nuestras vidas. Estos sectores de poder veían con mucha preocupación a nuestra institución, porque tenía apoyo de la población. Estaba haciendo que la gente tome conciencia y asuma su papel y rol ciudadano", recuerda Leovigildo Aguirre, ex ejecutivo de Cáritas Oruro.

El compromiso con la justicia social en este periodo, llevó a líderes políticos, sindicales, religiosos y laicos comprometidos con la justicia social a ofrendar sus vidas.

En el ámbito socioeconómico, la migración empezó a situarse en la agenda pública, Argentina fue el principal destino de 14.000 trabajadores bolivianos que cada año cruzaban la frontera.

En los años de inicio del programa de USAID, la entrega de alimentos era indiscriminada. Se daban raciones a quienes tocaban las puertas de los centros de distribución. Lugo se establecieron criterios para la repartición. Posteriormente, la agencia de cooperación estadounidense decidía el número de beneficiarios, la cantidad de alimentos que debía ser entregada y daba órdenes a los funcionarios nacionales.

Cáritas buscó fortalecer la promoción hjumana. En coordinación con CRS y los ministerios de Previsión Social y Finanzas se realizaron programas de nutrición, desarrollo, desayuno y almuerzo escolar, clubes de madres, asistencia a hospitales, centros de adultos y trabajadores voluntarios, entre otros.

Para 1974, los indicadores revelaron que habían impactos en la mejora de la nutrición infantil. Tambiés es destacable la conformación de los clubes de madres que, posteriormente, se convirtieron en escuelas de representación y liderazgo social, desde donde surgieron, más tarde, demandas y propuestas sobre temas estructurales.

Algunas de esas lideresas ocuparon, después, cargos de representación y puestos de toma de decisión en sus municipios, el Parlamento y el Gobierno. "Las más de 200.000 mujeres organizadas en clubes de madres, que a su vez, tenían 600.000 dependientes a su cargo, ingresaron a programas de alimento por trabajo, se multiplicaron los proyectos productivos y las asociaciones de servicios como los Comités Populares de Salud y las organizaciones de padres de familia" relata Cecilia Moreno, al referirse a los clubes de madres y la relación con los alimentos.

Las Cáritas boliviana y diocesana se volvieron a cuerstionar sobre su rol y se propusieron cambiar las condiciones. Como sus similares latinoamericanas, esta institución nació para distribuir entre los más pobres los alimentos de donación estadounidense. A pesar de esa condición, siempre existió la inquietud por cumplir objetivos superiores.

Como consecuencia, nació el Departamento Socioeconómoco para fomentar la promoción y el desarrollo social de grupos y comunidades de base, a través de la creación de líneas de préstamo y financiamiento para pequeños emprendimientos, principalmente productivos.

Como ejemplo, se construyeron caminos de emergencia, en el Vicariato de Chiquitos se dio ayuda a los pirquiñeros de Colquiri para la compra de herramientas, se contribuyó al transporte de productos agropecuarios de Beni y Pando por el río Mamoré, se impulsó la recuperación agrícola en comunidades aledañas al Lago Titicaca y en Sucre y Tarija se realizaron proyectos de desarrollo con el campesinado. Esta lista parcial refleja el cambio de enfoque.

En Oruro, por ejemplo, se utilizó la ayuda incluso para la alfabetización como describe Aguirre. "En 1975 , decidimos que toda señora que quiera ser parte del Centro de Madres debería aprender a leer y escribir. Esto hizo que las familias también ayuden a la mamá en su aprendizaje".

En la lista de malos recuerdos, Aguirre apunta el propósito de la cooperación estadounidense para implementar un programa de control de la natalidad, bajo la denominación de mejoramiento infantil. Ese intento fue frenado.

La institución también buscó su autosostenimiento. Una de las obras emprendidas es la instalación de una planta de sal. Otros proyectos tuvieron mucho de voluntad y recojo de la experiencia laboral.

Esta nueva forma de intervención también era impulsada por el Secretariado de Acción Social que abrió sus áreas de trabajo en el campo de la investigación, formación y creación de un centro de documentación. El P. Mauricio Bacardit y el P. Ermanno Artale fueron algunos de los más críticos de los programas asistenciales.

Ambos promovieron un estudio y "demostramos que la ayuda alimentaria había hecho bajar la producción de trigo en Bolivia; por eso queríamos generar programas alternativos, para desplazar la ayuda de alimentos". Al interior de las instituciones de Iglesia ya habían surgido voces, como las de Bacardit y Artale, demandando que la acción social de la Iglesia no sé quede en la caridad y se hagan alianzas con instancias de cooperación que apoyen nuevos proyectos con un enfoque más liberador.

A partir de 1980, la reflexión en las Cáritas europeas era convertir las líneas de acción hacia una promoción humana integral. Se tocaron las puertas de la agencia alemana Misereor, de CRS y también se contaba con la disponibilidad de ayuda de la agencia de cooperación de los países bajos Cebemo.

Desde la isntitución que antecedió a la Pastoral Social, nacieron las primeras ideas para fusionar a Cáritas con SENPAS, que fueron oídas por los obispos, pero sin que se tomen decisiones.

 

1982 - 1985: Asistir al necesitado en tiempos de crisis y emergencias

Los gobiernos de facto habían dejado un país en quiebra. En 1982, cuando se recuperó la democracia, se heredaron dificultades económicas, complicadas por las presiones de los organismos internacionales y agudizadas por las crecientes demandas de sectores sociales.  A esto se sumaron fenómenos climatológicos que provocaron considerables tragedias. Casas  y terrenos inundados, en algunas poblaciones del país; y cultivos y animales perdidos por las sequías, en otras regiones, afectaron a los más pobres. La solidaridad y caridad de las Cáritas boliviana y de las jurisdicciones se expresó en asistencia humanitaria efectiva.

Esta línea de trabajo generó un compromiso que persiste hasta la actualidad. La prevención, la ayuda durante las emergencia y la reconstrucción son tareas permanentes de este servicio que hizo de Cáritas una entidad indispensable para atender al prójimo en momentos de angustia y sufrimiento.

Desde el Vaticano el Papa Juan Pablo II, alentó el funcionamiento de obras de caridad en el mundo y fortaleció el Consejo Pontificio Cor Unum (un solo corazón), instancia que en 1971 había sido creada por el Papa Pablo VI.

Por efecto de las inundacones en el oriente boliviano y la sequía en el altiplano y los valles, en 1983, CRS canalizó ayuda extraordinaria. Sin embargo, USAID trajo a dos nuevas instituciones confesionales para la repartición de alimentos, lo que provocó, además de duplicidad de trabajo, divisiones, confusiones y competencias.

Otra vez, se analizó la posible ruptura con el programa, pero la decisión fue continuar con su ejecución porque pese a sus complicaciones, los alimentos eran una ayuda para sectores con muchas necesidades. Por otro lado, se abandonaría un instrumento que había permitido crear organizaciones de base.

Dos años después, Cáritas logra que los funcionarios ya no sean dependientes del Estado. Más allá de la disposición aadministrativa, la medida implicó devolver a las Cáritas dicocesanas la autonomía de Iglesia local. No fue un favor, sino un derecho recuperado, consideraron los obispos.

 

1985-1990: Techo y esperanza

1985 es un referente en la historia. Con la puesta en vigencia del Decreto Supremo 21060 el gobierno de Victor Paz dio inicio al periodo neoliberal que derivó en mayor pobreza. La política de ajuste estructural, si bien, detuvo la hiperinflación con  apoyo de organismos internacionales, cobró un alto precio social. Mas de 23.000 mineros de la estatal Comibol fueron echados de sus fuentes de trabajo.

Los mineros, que se constituían en la vanguardia obrera, habían resistido matanzas y explotación, pero esta vez, el desempleo fue la medida letal, en consecuencia, protagonizaron la Marcha por la Vida que pretendía llegar a la sede de gobierno, pero un cerco militar en Calamarca, con uniformados que tenían órdenes de disparar, marcó su derrota. Detrás de ellos cayeron los fabriles.

Entre 1985 y 1990 fueron echados a las calles 160.000 trabajadores, que llevaban el pan del día a 800.000 personas en el país.

Ese escenario era un tremendo desafío para la Iglesia Católica. Por un lado, se emprendieron acciones para acercar al gobierno y a los dirigentes para que planteen sus posiciones y busquen alternativas a la crisis; por otro lado, la situación de pobreza obligaba a fortalecer acciones y dar alivio inmediato.

Muchas zonas mineras empezaron a  despoblarse y la mano de obra desempleada se fue hacia las ciudades y hacia el exterior. La herencia de esas medidas de ajuste son los niños de la calle, muchos de los cuales empezaron a trabajar desde edad temprana, infantes y adolescentes abandonados, familias disgregadas por la relocalización, aumento del subempleo y trabajo informal e incremento de los cocaleros.

Las acción católica, dinamizada en ese momento por Monseñor Sainz, buscó ayuda en el exterior. Se creó un fondo para financiar pequeñas iniciativas productivas para los relocalizados y se intensificaron los programas de alimentos por trabajo.

"Se entabló una amistad y acercamiento con las Cáritas europeas y fruto de ello fue el apoyo que obtuvimos para atender la emergencia de la relocalización de los mineros. Conseguimos cerca de 9 millones dólares en dos años", recordó José Barrientos.

Los mineros despedidos se habían trasladado a las ciudades en busca de oportunidades de sobrevivencia. En zonas periféricas, en terrenos fríos y desolados, sus hijos jugaban en medio de carpas improvisadas. Cáritas La Paz construyó en El Alto 400 viviendas con agua, alcantarillado y electricidad, además de colegios y centros de capacitación.

En Oruro se hizo el Plan 500 con igual número de viviendas. En Tarija, a donde también migraron los relocalizados, se crearon fuentes de empleo a través del Fondo Minero, proyeto que se ejecutó en varias jurisdicciones.

En 1987, la institución de cooperación alemana Misereor invitó a la Iglesia a generar y difundir información de primera mano sobre la realidad del páis y sobre la respuesta que los movimientos católicos estaban dando frente a los problemas sociales, económicos y políticos.

El Papa Juan Pablo II llegó a Bolivia en 1988, con un mensaje de esperanza, para actuar ante las situaciones de miseria que se hacían cada vez más latentes. En sus mensajes, pidió construir una nueva sociedad "Quiero hacer un lllamado urgente a todos y cada uno de ustedes, a comprometernos con valentía, cada uno en su propio campo, para hacer de Boliva una patria común, donde no hayan ni opresores ni oprimidos ni señores ni esclavos, sino hermanos que se reconocen como tales y como tales se aman".

La Pastoral Social hizo aportes fundamentales para la visita del Santo Padre, realizando una tarea interna de incidencia en la elaboración de documentos. Durante varios años, se destacó un equipo de análisis de la coyuntura.

"Nos metimos a fondo. En SENPAS era un centro de orientación que trabajaba en La Paz. Mucha gente dijo que con ese trabajo la Iglesia había tenido una voz aquí" recordó Mauricio Bacardit.

La mirada desde la promoción humana, desde el desarrolllo integral, la formación del liderazgo son algunas líneas de acción que se profundizan en este periodo.

Desde el Servicio Nacional de Pastoral Social y de Cáritas se renuevan los criterios para unificar esfuerzos. Tenían en común el interés por impulsar la producción nacional.

En 1989, los obispos deciden la fusión de ambas instituciones, pero este objetivo se concreta una década después.

En años posteriores, fue importante el impulso de Mons. Adalberto Rosat, Mons. Toribio Porco y Mons. Abel Costas a quienes acompañó el P. Leonardo Blanco, pero la fusión demandaba mayor intercambio de información y preparación.

Respecto a otros temas de preocupación nacional, desde tiempo atrás, la problemática de la coca y el narcotráfico era motivo de conflictos en el país, tema que inclusive condicionaba la cooperación externa. Una de las intervenciones eclesiales en el tema fue representada por Monseñor Sáinz. Invitado por el Parlamento europeo, explicó en Francia y en Ginebra que la coca y la cocaína eran dos cosas distintas, como lo son la uva y el vino.

 

1990 - 1994: Nuevos movimientos para seguir por el camino

Al inicio de los años 90, los pueblos originarios de Beni decidieron realizar la Marcha por el Territorio y la Dignidad. Fue el tiempo en el que se visibilizó a los pueblos indígenas originarios de Tierras Bajas como: mojeños, chimanes y guaraníes, entre otros pueblos, los que habían sido ignorados de la vida política, económica y social del país.

Tras una eucaristía en la catedral de Trinidad, se formaron columnas que transitaron por caminos y sendas. La marcha fue acogida en la catedral de La Paz, en medio de un clima de sensibilización de la población que se hizo solidaria con sus demandas.

Fue otro momento en el cual el Secretariado Nacional de Pastoral Social y Cáritas, desde sus instancias diocesanas por donde pasaba la moilización, estuvieron comprometidos, activos y solidarios.

Al interior de la Comisión Episcopal de Pastoral social se crea el Departamento de Estudios y Formación Social, con servicios relativos a investigación, educación y animación, comunicación y asesoría legal.

La fusión entre SENPAS y Cáritas quedó en suspenso, mientras se formulara un organigrama con funciones y atribuciones más claras.

En el programa de alimentos, Cáritas es reconocida por el gobierno de Estados Unidos como agencia oficial , sin ninguna otra intermediación institucional. En 1990, Cáritas, con apoyo de Catholic Relief Services (CRS) y del Programa de Coordinación de Supervivencia Infantil (PROCOSI), realizan el estudio Áreas de Pobreza Rural en Bolivia, para identificar zonas de intervención y priorizar la asistencia a las personas más necesitadas del país. La investigación reportó que el sur de Cochabamba todo el departamento de Chuquisaca y parte de Oruro y Potosí eran las regiones más deprimidas.

Monseñor Luis Sáinz, como Presidente de la comisión, adviritó en esa ocasión que "204 millones de personas vivían en condiciones de miseria en América Latina" lo que reporta un incremento respecto  a la década anterior. "Si Bolivia es el país más pobre de América Latina, las estadísticas nos deberían estremecer y movilizar para actuar con respuestas adecuadas, ya que más del 70% vivimos en situación de pobreza, extrema pobreza o miseria. La mano de obra está desempleada o subempleada. Un 70% o no tiene vivienda o no son aptas para alojarse en ellas. La alimentación es sumamente precaria, muy por debajo de los índices aconsejables".

La respuesta institucional fue la organización de miles de mujeres, tanto de zonas rurales como urbanas en todo el teritorio con presencia con obras de salud, mediante el apoyo a campañas de vacunación e incentivando programas de vigilancia nutricional. De esta forma se ha favorecido la promoción de la mujer, a través de reuniones, seminarios y talleres, en busca de dignificación.

Dolly Aliaga, Secretaria Ejecutiva de Pastoral Social Cáritas de Coroico, destaca que, con los recursos de la monetización de los alimentos, se dispuso de finanaciamiento para proyectos productivos y de infraestructura.

Por otro lado, ese fue un periodo de fortalecimiento institucional de Cáritas, al lograr la construcción de infraestructura en las jurisdicciones. Algunas con recursos del programa de alimentos y otras con fondos provenientes de Europa. Es el caso del edificio Juan Pablo II en La Paz, un resultado de importantes contribuciones de las caritas de Alemania, Holanda, Francia, Italia, Austria y Suiza, entre otras fuentes para edificar en 1992, centros de capacitación y servicios, oficinas comerciales, parqueos y almacenes, obra que se concretó durante la presidencia de la comisión de monseñor Luis Sáinz y posteriormente de monseñor Adalberto Rosat, con la colaboración del entonces director José Barrientos y del secretario ejecutivo Oscar Borda.

Varias de las cáritas diocesanas inician programas de educación dirigido a la población marginada, también se impulsan proyectos productivos y de desarrollo rural, a través de la captación de recursos por la venta de alimentos donados.

La fusión de Cáritas y Pastoral Social empieza a concretarse desde 1994. No solo se encomienda la misión a Monseñor Luis Casey, como presidente de la Comisión, sino también, se nombra a un solo ejecutivo, designación que reacae en Roberto Barja, quien tenía una larga trayectoria de trabajo con compromiso eclesial en Chuquisaca y Tarija En este equipo, también es destacable el aporte de Juan Carlos Núñez, para consolidar el cumplimiento de ese objetivo. La coordinación que se establecía entre el obispo y los ejecutivos fue fundamental, frente a un escenario en el que se tenían dos instituciones con enfoques, equipos, proyectos y recursos diferentes. La tarea fue ardua, pero el resultado posible.

 

1995 - 1999: Por un orden justo entre personas y pueblos

La crisis del modelo económico, político y social se hacía más latente. En lugar de los obreros asumen un mayor protagonismo la Confederación de Campesinos, la organización de productores de coca y el Movimiento sin Tierra. Paralelamente, se agudiza la crisis de representatividad y legitimidad de los partidos políticos, muchos de los cuales estaban además, contaminados por la corrupción.

En adelante la Pastoral Social y Cáritas asumen tareas de organización y movilización. Además del impulso a proyetos productivos, formación de líderes locales, atención de emergencias, se auspician actividades y encuentros internacionales, para unir esfuerzos y adoptar líneas de acción.

En 1996 se inician los preparativos del Gran Jubileo (Año Santo del Perdón) previsto para el año 2000. Se plantea la protección al débil y la restauración de un orden justo entre personas y pueblos, con orientaciones del CELAM y de la Conferencia Episcopal Boliviana.

La comisión social de organización del Gran Jubileo plantea relanzar la Doctrina Social, reflexionar y realizar incidencia internacional sobre el problema de la deuda externa, promover la paz y realizar vigilias comunitarias, con el propósito de evangelizar integralmente al puelo boliviano, con sus diversas culturas y en situación de pobreza persistente, para comunicar vida y esperanza.

En este periodo se asume como misión la promoción humana integral, que incluya la incluturación del Evangelio y el crecimiento de la iglesia local, el protagonismo de los laicos y el apoyo a las comunidades de base.

En 1997, Bolivia fue sede del XIV Congreso Latinoamericano y del Caribe de Cáritas, evento que tuvo como discusión central la globalización y pobreza. Llegaron casi 200 personas de todo el continente y de Europa.

Barja recuerda que en este encuentro internacional se reflexionó y evaluó el trabajo realizado, estableciéndose las proyecciones para continuar con el desafío de promover la dignificación de la persona, desde un enfoque integral. "En ese entonces, las Cáritas presentes aplaudían y respaldaban el hecho de dejar a un lado la dependencia del Programa de Alimentos  PL 480. Bolivia era uno de los pocos países que continuaban con esa tarea".

Durante esa década se produjo la ruptura con el programa de alimentos. Se empezó con algunas regiones y el corte definitivo fue en 1998. La  suspensión del programa provocó graves crisis de sostenibilidad de las jurisdicciones, pero, a la vez, las puso en un escenario de desafío para renovar planes y proyectos.

"El momento del cierrre del programa de alimentos ha sido importante porque fue difícil, ya que nos encontró sin preperación. Eramos muchas las Cáritas que dependíamos de USAID al cien por ciento, ya que nos pagaba los sueldos y/o teníamos que preocuparnos por los recursos", señala Dolly Aliaga, ejecutiva de PSC de Coroico.

Como efecto del cierre, se suspendió la atención en varias zonas. Fue un momento complicado, pero lo positivo fue que se recobró la independencia total , subraya Monseñor Casey.

Roberto Barja recuerda que "algunos obispos estuvieron muy preocupados, porque pensaron que era la muerte de Cáritas; pero hay un antes y un después de nuestra relación con USAID". En la actualidad, las Cáritas de cada jurisdicción son autónomas. Tienen un obispo presidente, un ejecutivo y un equipo de trabajo que responden a realidades locales. La oficina nacional coordina, anima y gestiona los proyectos de las regionales.

Por la coordinación internacional, el Secretario Ejecutivo de Pastoral Social Cáritas llegó a formar parte del Consejo Pontificio Cor Unum, instancia del Vaticano dedicada a la obra social.

 

2000-2008: Una fusión que fortalece el objetivo común por la justicia

La fusión de la Pastoral Social y Cáritas marca uno de los logros más importantes, concretados el 2000, con propósitos definidos en una planificación estratégica participativa y con una nueva identidad que daba testimonio de unidad. 

Ese año, en abril, se celebra en Trinidad la primera asamblea conjunta con el lema juntos somos más, para asumir tareas de articulación. De ahí para adelante, la fusión fue un objetivo que está consolidado.

Esta asamblea fue el resultado del apoyo y acompañamiento que se recibió desde los obispos de Bolivia los equipos de las jurisdicciones eclesiásticas, asesores y consultores externos, unos contratados y otros acompañando de manera solidaria. Cáritas Internationalis, Misereor, CELAM y el Secretariado Latinoamericano y Caribeño de Cáritas (SELACC) fueron algunas de las instancias de cooperación externa que respaldaron este paso.

Otra gran tarea fue el Foro Jubileo. Desde el año 1999, en esfuerzo común con la Hermandad  Alemana de Hildesheim y Tréveris, se impulsó la Campaña Si a la Vida, No a la Deuda.

La recolección de más de 400.000 firmas de respaldo en el país llegaron a Colonia, Alemania a manos de los ocho presidentes más poderosos del mundo, reunidos en el G8. Fue el Cardenal Julio Terrazas el enviado del pueblo boliviano para pedir la condonación de la deuda externa, como parte de una campaña mundial que exigía políticas financieras internacionales más justas.

Como resultado, los países y organismos de financiamiento aprobaron el Programa HIPC II para Bolivia, para aliviar la situación de pobreza en los municipos, a través de atención en salud, educación y otros. Entre recursos condonados por los organismos multilaterales y los créditos bilaterales la suma que se deja de pagar alcanza a 2.000 milones de dólares.

En las acciones promovidas por la Conferencia Episcopal Boliviana, con motivo del Año Santo, se definió abordar tres líneas de acción: La condonación de la deuda, el indulto ante la retardación de justicia y la tierra como un bien para todos.

De ese proceso surgió el Foro Jubileo 2000, que fue una extraordinaria e innovadora experiencia de diálogo nacional que sirvió de referencia para futuros procesos. Se generaron espacios de participación ciudadana desde las parroquias, involucrando a todas las jurisdicciones. Luego se realizaron encuentros departamentasles que derivaron en un encuentro nacional.

"El Foro Jubileo ha implicado la participación activa de todas las obras sociales de la Iglesia. Fue un momento importante para articular la red de la Iglesia hacia un mismo objetivo. La lección aprendida es que si hay una buena coordinación, es posible generar impacto en el país", destaca Juan Carlos Nuñez, ex ejecutivo de la institución y uno de los principales impulsores de ese proceso de consulta.

Fueron más de 3.600 participantes 429 de elllos, reunidos en el taller nacional que representaron a 900 instituciones y organizaciones de todo el país, con el aporte de 400 expositores, moderadores y facilitadores en mesas de diálogo y concertación que, de manera voluntaria, brindaron su apoyo y esfuerzo.

Se creó un coauspicio con 30 organizaciones e insitituciones nacionales, entre elllas, la  Central Orera Boliviana y la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia. Como una constante en el proceso de diálogo, surgió el control social, que se constituyó en un aporte a la democracia, vitalizándola con la particiación de la población en la vigilancia de la gestión pública. Finalmente, estos aportes fueron incorporados en la Ley del Diálogo 2000, que hasta ahora beneficia a los sectores sociales del país.

Como otra línea de acción se encaró el tema de la justicia y la problemática penitenciaria.

En ese momento, el 70% de la población carcelaria no tenía sentencia, de modo que se hicieron gestiones para mitigar la retardación de justicia. Adicionalmente, se tramitó un indulto para los internos que no estuvieran involucrados en delitos graves, consistente en la reducción del 30% de sus condenas. El trabajo arduo correspondió a la Pastoral Penitenciaria.

La preocupación por el problema de la tierra, como otro tema importante en el marco de esta campaña, estuvo  incorporada y fue un acompañamiento a los obispos para el discernimiento y la reflexión. La Carta Pastoral Tierra, Madre Fecunda para Todos, marcó las acciones institucionales de Pastoral Social Cáritas, lllevando inclusive, a la creación de un programa al interior de la insititución.

Es el tiempo en el que se fortalecen las jurisdicciones con programas y proyectos renovados. En Coroico, por ejemplo, más de 300 familias están involucradas en actividades productivas, muchas de elllas, en el cultivo de café. Paralelamente, hay un trabajo intenso en la protección de derechos humanos y participación ciudadana, contenidos que, a su vez, se difunden en la Radio Candelaria.

Uno de sus resultados es haber logrado la sensibilización de la población local para dar atención a personas condiscapacidad. Por ese trabajo, Caritas Coroico anima un movimiento y realiza la coordinación nacional del programa. "Algo importante para nosotros es la creación de las Cáritas parroquiales. Tenemos ya una en la parroquia de Fátima, que empezó a trabajar en las necesidades de su comunidad, entre ellas, el tema de la migración que se da en Tarija por el boom de los hidrocarburos, y no sólo de familias pobres, sino también de empresarios y otros sectores. También deseamos encaminar procesos de reflexión sobre la tolerancia e intolerancia por conflictos sociales y políticos en los jóvenes", comenta William Torrez, Director Ejecutivo de Cáritas Pastoral Social Tarija.

Otro aporte al país fue la iiniciativa de Diálogo Ciudadano para la Asamblea Constituyente. ¿Cómo hacemos el país que queremos?, fue la pregunta orientadora que llegó a todos los rincones del territorio donde está presente la Iglesia Católica para encarar un proceso de consulta. Los componentes fueron el respeto, la transparencia y la confianza.

Se recogió la voz de 5.000 personas de 2.500 organzaciones de base, en un proceso que duró 18 meses, en todas sus instancias, con propuestas sobre estructura del Estado, salud, educación, tierra y recursos no renovables, autonomías y descentralización, regimen económico y derechos, deberes, y garantías, entre los más importantes.

La última década volvió a ser agitada en el escenario político y social, y fue necesario intensificar la intermediación social. El deterioro de las condiciones de la relación entre sociedad y Estado era cada vez más creciente.

Las movilizaciones se expresan con agudos enfrentamientos, para reiterar reivindicaciones que iban más allá de las sectoriales, reclamando espacios de mayor participación política, poniendo en la agenda del país temas de fondo y de necesaria atención inmediata.

Roberto Barja, Héctor Córdova y Juan Carlos Núñez fueron algunos de los representantes de Pastoral Social Cáritas que atendían a la Central Obrera Boliviana y a dirigentes campesinos, indígenas, mineros y jubilados, entre otros movimientos sociales, para canalizar el diálogo ccon el gobierno en tiempos de conflicto; donde la presencia de los obispos logró el acercamiento de las partes y permitió que se concreten los acuerdos.

Paralelamente, desde los espacios de formación del liderazgo y participación ciudadana, la Iglesia también contribuyó a realizar incidencia, en busca de políticas de Estado que den respuestas estructurales a los problemas de pobreza, desigualdad, exclusión e injusticia. Y ese es el empeño vigente.

 

 

 

 

 

 

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