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Caritas Institucional

A lo largo de su vida el Cardenal Terrazas ha dado testimonio de su profetismo y compromiso con la dimensión social de la fe y la evangelización. La energía de su personalidad, la interpelación constante de las circunstancias de empobrecimiento y exclusión de las mayorías en el campo y las ciudades en Bolivia, la inclinación en su formación en los temas sociales y el llamado vocacional en la construcción del Reino en su “aquí y ahora” desde un rol profético, hacen del Cardenal Terrazas “discípulo misionero de Jesucristo al servicio de la vida”.

Entre otros testimonios, cuentan que siendo párroco en su natal Vallegrande, participó activamente de las movilizaciones sociales reclamando el cumplimiento de obras de las autoridades públicas, demostrando que el púlpito no es suficiente para caminar con el pueblo entre sus “angustias y esperanzas”. Un amigo ex dirigente sindical de la Central Obrera Departamental de Oruro me contó que estando detenido en celdas por problemas de movilización sindical, sin que lo conozca personalmente, a ruego de otras personas, el obispo Terrazas, lo garantizó para que saliera libre, suficiente gesto para evangelizarlo y animarlo en su lucha social.

Dios tiene un propósito para cada cristiano nos han enseñado siempre. Por eso no fue casual todo el proceso previo a su ordenación episcopal, su sólida formación filosófica y teológica, su título en Pastoral Social por la Universidad de EMACAS (Lille-Francia) y su contacto con la realidad y el pueblo sencillo siendo párroco rural por más de diez años, fue el acicate para ser llamado a La Paz, sede de Gobierno y epicentro de los conflictos políticos y sociales en Bolivia, como Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de La Paz.

Por supuesto, en 1978 se vivía un periodo políticamente convulsionado. Desde 1964 Bolivia soportó, como en muchos países de la región, las dictaduras militares que en 1978 se intentaba superar, pero que no fue nada fácil, ya que militares y civiles entre nuevos golpes de Estado, gobiernos interinos y elecciones fraudulentas llegaron a pasar por el Palacio de Gobierno ocho presidentes y 3 juntas militares en apenas cuatro años, hasta que finalmente se recuperó la democracia en 1982. Justo el tiempo en que el Cardenal era Obispo Auxiliar en La Paz (1978-1981).

En consecuencia, sin buscarlo, estuvo en el ojo de la tormenta que le reclamó, junto a sus hermanos obispos, una voz profética, el llamamiento a la paz y el respeto a los derechos humanos y la vida, la solidaridad y la ayuda a dirigentes perseguidos por razones políticas. Uno de los mensajes más proféticos de los Obispos de Bolivia fue precisamente el de “Dignidad y Libertad” en 1980, en plena dictadura de Luís García Mesa, una de las más feroces en Bolivia que la justicia no pudo evitar condenarlo a 30 años de cárcel, la más alta en Bolivia, que actualmente sigue cumpliendo en Chonchocoro, la cárcel de máxima seguridad.

En tiempos de dictadura profeta valiente, lo mismo que en tiempos neoliberales. El 29 de agosto de 1985 el Presidente Víctor Paz emitió el Decreto Supremo 21060 inaugurando el periodo neo-liberal en Bolivia que, entre sus efectos negativos, despidió (“relocalizó”) a más de 23.000 trabajadores mineros, congeló los salarios, libró los precios de la canasta familiar a la oferta y la demanda y aplicó una política de reducción de la inversión en políticas sociales. Esto generó el descontento y la protesta popular que se expresó en la “Marcha por la Vida” de Oruro a La Paz. Siendo obispo de Oruro no pudo quedar indiferente y junto a otros representantes de la Iglesia fue al encuentro de esta marcha para expresar su solidaridad, aunque las fuerzas del orden intentaban impedir su cometido.

Frente al neoliberalismo, al inicio del proceso sinodal en la Arquidiócesis de Santa Cruz (1997-2001), el Cardenal Terrazas escribía en el “Documento de inspiración Sinodal”: “Vivimos y estamos manejados por una economía de mercado total, en donde no cuentan las relaciones humanas, sino el dinero. La persona es considerada  en tanto y en cuanto produce y genera dinero, de lo contrario, si disminuye su capacidad productiva, deja de ser útil y es marginada” y, más adelante, en el mismo documento sinodal se señala: “(…) La globalización de la economía del mercado con el sistema del capitalismo neoliberal perjudica a Bolivia, incapaz de competir bajo el peso de su deuda externa y de la pobreza generalizada de la mayoría".

Un profeta cristiano no está circunscrito a un periodo histórico o a favor o en contra de una determina opción ideológica o política. El Cardenal, fiel a su vocación pastoral siguió siendo el mismo en estos tiempos de “cambio” en Bolivia. Quizás uno de los periodos más ingratos de su apostolado. Es que su mensaje orientador por la democracia, la libertad y la paz y su agudeza en la denuncia de las contradicciones del nuevo proceso político en Bolivia a la cabeza de Evo Morales, lo han convertido en el blanco de las agresiones, descalificaciones y hasta de un atentado en su domicilio cuyos responsables nunca han sido hallados.

En las actuales circunstancias históricas de Bolivia sería una posición cómoda callar y dejar que sigan su curso incuestionablemente las nuevas hegemonías. De hecho muchas personas o instituciones han tomado ese camino y no “tienen problemas”. Pero el Cardenal no puede tomar esa claudicante, cobarde y cómplice actitud. El ejercicio de su cátedra es Evangelio encarnado que denuncia la ambición del hombre por el poder desmedido, de visiones que excluyen a otros, de riquezas acumuladas a costa de la pobreza de otros, del desprecio de los que se creen más que los sencillos y humildes y de los que buscan soluciones prescindiendo de Dios y los valores cristianos.

Quizás por eso, el decano de la facultad de Teología de la Universidad Católica de Tréveris, Alemania, Profesor  Theis, en ocasión de la declaratoria de Doctor Honoris Cusa, señalaba. “El Cardenal tiene el don de una palabra profética  capaz de movilizar al pueblo de Dios. Todos los días se enfrenta con la pobreza y la injusticia, su posición al respecto es clara, solidaridad con los débiles y pequeños, basada en el Dios que toma partido claramente por los pobres y marginados”.

 

Sí, el Cardenal es fuente de inspiración del compromiso social de la Iglesia en Bolivia y firme convencido del potencial de los laicos en la construcción de una nueva sociedad según los valores del Reino. No por nada presidió la Comisión Episcopal de Laicos, juventudes y vocaciones de la Conferencia Episcopal Boliviana, miembro de la Comisión de Laicos, participante del Sínodo de Laicos y actualmente Presidente del Departamento de Justicia y Solidaridad del CELAM y miembro del Pontificio Consejo para los Laicos.

Sin duda, la expresión de la admiración, cariño y respeto por su vida y testimonio, no se agota en las palabras, sino en la capacidad de dar razón de nuestra fe y esperanza, en la coherencia de la fe y vida encarnadas, en el compromiso por la auténtica liberación de la persona y la sociedad, en la fuerza de la verdad evangélica y en la fidelidad en el seguimiento de Cristo muerto y resucitado y a su Iglesia como “sacramento universal de salvación”.

Hoy a partido a la Casa del Padre, dejando dolor humano en familiares, sus hermanos obispos, amigos y feligreses, pero ante todo deja semillas que deben brotar en tierra fecunda para honrar su memoria con frutos abundantes de una Iglesia más profética y solidaria.

 

Juan Carlos Velásquez Silvestre

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